"En España se glorifica el éxito y penaliza el fracaso", hablamos con Javier Regueira

Emprendedores | 03/04/2013

Tuvimos la oportunidad de hablar con Javier Regueira, un emprendedor español que, a pesar de haber fracasado en su primera experiencia como creador de empresa, decide escribir un libro para hablar de su fracaso y comenzar de nuevo. Ahora, con un nuevo proyecto empresarial entre manos, nos cuenta su interesante trayectoria.

 ¿En qué consistía su primer proyecto?

En el año 2007 montamos una cadena, que arrancó siendo un restaurante de comida sana y natural que servía ensaladas, fruta preparada y platos calientes. La idea se nos ocurrió a raíz de viajes que yo hacía por distintas capitales europeas donde veía que había una oportunidad de negocio muy clara para dar de comer a ejecutivos al mediodía que tienen poco tiempo y no demasiado presupuesto. La ambientación era muy chill-out y minimalista con la intención de ofrecer una experiencia de relajación y mucho equilibrio a la gente que comiera ahí.

El primer restaurante lo montamos en el barrio Chamberí de Madrid en una zona de oficinas para un perfil de ejecutivos tradicionales. Después de unos 4 meses hizo furor, tanto que servíamos 200 comidas diarias. Atraídos por ese éxito se acercaron a nosotros un grupo de inversores que nos permitieron abrir otros dos restaurantes en un plazo de 3 años.

Para el segundo restaurante pensamos que si en una calle secundaria teníamos éxito entonces en un parque empresarial con público cautivo o un gran eje comercial con más tráfico en el centro de Madrid el éxito estaba asegurado. Pues no, esto funciona por segmentación: si donde vas con tu oferta logras destacar, has ganado. Si no, pierdes. No supimos interpretar el tipo de target. Con el tercer local, en Sol, nos diluimos entre toda la oferta gastronómica.

Nos vimos obligados a cerrar porque un banco no nos renovó una línea de crédito. Tuvimos la suerte de poder traspasar dos de los tres locales y con lógicas pérdidas pero no tan graves como pudo llegar a ser.

¿Cree que parte del problema estuvo en la preparación antes de emprender o en las decisiones de la empresa?

A mí me gusta comparar el mundo del emprendimiento con la película Matrix, hay una fase en donde todo es ideal en un mundo de excels y powerpoints pero que es irreal.

Llega un día en que abres tu negocio y comienza a entrar la gente. Aquí es donde de verdad te asomas a la cruda realidad de tu negocio y ves cómo de desviadas estaban tus previsiones y tus cábalas en relación a la realidad del día a día. El gran descubrimiento para alguien que ha tenido una empresa es que estas dos cosas nunca coinciden. Una cosa es planificar y hacer un business plan pero la realidad es totalmente diferente. Muchas veces es fea, turbia, llena de peligros. Es ahí donde se comenten los errores, lo anterior son pruebas de laboratorio que realizas para minimizar el riesgo.

¿Cree que si hubiera acudido a estas ayudas, que hoy en día son muy frecuentes, como el mentoring o las incubadoras de proyectos, hubiera evitado el fracaso?

Yo creo que no. Básicamente donde pienso que estuvo el problema, y es a una de las conclusiones a las que llego, es que uno de nuestros grandes enemigos somos nosotros mismos a causa de nuestro ego. En mi caso concreto tenía tal seguridad de mí mismo que nunca contemplaba la posibilidad de que me fuese a ir mal y trabajaba con una serie de rigideces brutales. El proceso de desarrollo de negocio no es como una ruta lineal que lleva de un principio a un fin cuyo el fin es el éxito. Se parece más a una etapa de montaña porque tienes un plan inicial pero al final trabajas con consumidores que son impredecibles y que no sabes por dónde van a salir y también trabajas contra competidores que también son imprevisibles. Por eso no hay una línea recta, tienes que tener la flexibilidad para transformar tu negocio en algo diferente.

Si el mentor o el coach me hubiese dicho que fuese flexible y consciente de mis limitaciones a lo mejor me hubiera ayudado. Pero soy escéptico a pensar que las recomendaciones de un coach hubiesen ido por ahí.

Momentos difíciles y de incertidumbre los tiene cualquier organización, pero ¿en qué momento se debe tomar la decisión de cerrar la empresa y no dar otra oportunidad más?

Aquí le daría una lectura más emocional que empresarial. Por ilustrarlo un poco, tomo la famosa charla de Steve Jobs en Stanford donde dice que el día en que dejas de creer es el día en que debes de soltar. Yo creo que no hay ningún proyecto que justifique el estar un único día desilusionado, apesadumbrado, sin fe en el futuro. Pasé muchos días, semanas y meses en esa situación. El momento de soltar es el momento en que dejas de creer y te das cuenta que ese no es tu camino y que te estás desgastando profundamente. Puede sonar esotérico pero no se pueden disociar los negocios de las personas. Cuando el empresario se empobrece a nivel personal le comienza a afectar su mente, su salud, así es imposible que inspires a tu equipo y desarrolles tu negocio.

A raíz de su experiencia, decide escribir un libro en el que explica 13 errores que lo llevaron a ese fracaso empresarial. De todos ellos, ¿cuáles son los 3 más importantes que se deben evitar?

En vez de tres te voy a decir dos. El primero es el dinero. Yo creo que es un magnífico momento para montar negocios porque las necesidades de los consumidores se están reconfigurando y eso abre la puerta a nuevos modelos de negocio especialmente en el ámbito digital pero, por otro lado, no es un buen momento para conseguir la financiación que precisas para arrancar.

El problema que tenemos los que venimos de la vertiente de Marketing o comercial es que queremos comenzar ya. Sin embargo no queremos gastar demasiado tiempo captando la financiación necesaria antes de abrir y eso es un error. La necesidad de captar esa inversión nos parece un mal necesario que queremos acelerarlo y terminarlo lo antes posible, incluso hasta el punto de abrir un negocio conscientes de que no tenemos suficiente dinero en caja.

Si abres en esas condiciones, el problema que tienes es que si no llegas al punto de equilibrio lo rápido que tú pensabas te quedas sin oxígeno mucho tiempo antes y ningún banco te va a considerar igual si acudes después de algunos meses de actividad en números rojos pidiendo más dinero. Me decía un amigo algo que es muy cierto: “Nunca vas a tener una segunda oportunidad de financiar bien tu empresa” y que “en nuestros tiempos deberíamos dedicar entre 12 y 18 meses, tiempo completo, sólo a buscar recursos para montar la empresa para que esto te dé la tranquilidad de no asfixiarte a los 45 días si no te va bien”.

El segundo error que yo creo que engloba muy bien todos los demás es el no saber conjugar bien retos con capacidades. Esto tiene que ver mucho con la persona y con el ego en el sentido de que a todos nos gustan los retos pero tienes que ser consciente si están a tu alcance o no. Eso requiere de un poco de pragmatismo y un poco de humildad. Una de las claves para fracasar es ponernos un reto inalcanzable para los recursos que tenemos.

¿En qué momento siente que pasa lo peor de la tormenta? ¿Cuáles son esas señales?

Mi siguiente paso fue montar otra empresa pero necesité de bastante tiempo para restañar las heridas. Por ejemplo, el libro me ayudó muchísimo porque la consecuencia lógica y normal cuando algo nos va mal es que no la aireamos ante nuestros allegados. Cuando coincidía con alguien y me preguntaba por mi negocio me parecía una afrenta porque aquello era lo que más me dolía.

Soy capaz de quitarme esa pesadumbre de encima cuando decido escribir sobre ello y relativizar el fracaso. La manera de levantarse y sacudirse el polvo es darnos cuenta que no somos tan listos como pensábamos ni tan malos en el momento en que cierras tu negocio.  

¿De qué se trata su nuevo proyecto?

El nuevo proyecto, que no tiene nada que ver con la hostelería, se relaciona más con lo que he hecho toda mi vida que es trabajar en Marketing y Publicidad. La empresa se llama PopUp Música.

Es una empresa que, por un lado, trabaja con artistas musicales y por otro con marcas que apuestan por complementar sus campañas de publicidad convencional con acciones de contenido propio. Nuestro objetivo es convertir a la publicidad en un contenido que el usuario quiera ver, siempre circunscrito al ámbito de los contenidos musicales.

Ahora que emprende de nuevo ¿haría ajustes o modificaciones a su libro de los 13 errores?

Yo creo que no. Este libro respondió a la experiencia real que yo tuve en aquella empresa con cosas que nos pasaron y que fueron relevantes para ese negocio. Nuestra realidad hoy en día es diferente y si tuviese que añadir nuevos temas, porque errores cometemos todos los días, seguramente sería en otro libro relacionado con la experiencia de la empresa que tengo ahora.

En otros países se tiene muy en cuenta el fracaso previo en el momento de acudir a inversionistas. ¿Cree que en España no fracasar es tener éxito? ¿Cuál es su visión de este punto?

Aquí no se entiende el fracaso ni funciona como un activo de la persona que lo haya experimentado. Al contrario, se entiende como un lastre. En España se glorifica el éxito y para mí el éxito se asocia con tres cosas: el dinero, el poder y la admiración de los demás. El empresario que ha conseguido esas tres cosas es considerado como empresario exitoso y el que no las alcanza pues es considerado como no exitoso. En la escuela y en la universidad nos orientan a eso.

Hay un concepto de éxito diferente si miras otras culturas. Te hablan de equilibrio, de balance, de cercanía con el universo y la tierra, por eso ahora estamos comenzando a importar el yoga, el reiki, el mindfulness porque tenemos una necesidad de modificar ese concepto de éxito.

 En Estados Unidos, por derivación de la cultura hebrea que glorifica el fracaso, y como sabéis  esta cultura está muy implantada en el tejido empresarial norteamericano, se acepta mejor y se simpatiza más con esas experiencias.

En España la tolerancia al fracaso es cero, la mejor prueba es que cuando a alguien se le ocurre escribir un libro sobre lo mal que le ha ido de repente todo el mundo le llama para escucharle. Esa es es la mejor prueba de que nadie lo había hecho antes.


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