Liderazgo emocional y el directivo del futuro

Emprendedores | 31/12/2013

La gestión de las emociones en las organizaciones ha ido ganando protagonismo en la dirección moderna de Recursos Humanos, pues para mantener la motivación en los equipos de trabajo es necesario que los directivos presenten un estilo de liderazgo cada vez más orientado a las personas y con un menor peso técnico. Esta gestión parte de las emociones del propio jefe, que debe comprender que sus sentimientos pueden hacer que tenga una visión sesgada de la realidad, produciendo problemas en su equipo. Al fin y al cabo, la mayoría de nuestras valoraciones y juicios están muy influenciados por nuestras creencias y sentimientos. Por tanto, la gestión emocional se desarrolla desde dentro hacia fuera.

Construyendo el liderazgo emocional

El nuevo perfil directivo que está surgiendo se basa en el control de las emociones propias y las de los equipos. En muchos casos los conocimientos técnicos del jefe están siendo complementados y sustituidos por instrumentos tecnológicos, pero el trato humano cada vez ocupa más tiempo e importancia dentro de las empresas. Sin caer en un estilo paternalista, el liderazgo emocional debe modelar las emociones relacionadas con la productividad y el bienestar de los trabajadores, para favorecer la creatividad, la motivación, la independencia, el flujo del conocimiento, etc... No podemos ignorar que una empresa ejerce una gran carga emocional sobre los que trabajan en ella, por lo que es necesario un líder que se preocupe y que sea capaz de proporcionar soluciones. Reconocer los méritos ajenos, cuidar las formas en las que se produce la comunicación, aprender a afrontar la frustración, fomentar una correcta cultura empresarial, definir un lenguaje positivo y orientado a resultados, así como a la forma de llegar a ellos... hay muchas maneras de implementar la gestión emocional en los equipos. Aprender a delegar es una de las claves principales para poder establecer un liderazgo de este tipo, ya que si no sabemos depositar confianza y responsabilidad en los demás, será muy difícil construir emociones positivas. Todas las personas necesitan cierta independencia para sentirse libres y en base a ello, se podrán sentir más responsables y capaces de gestionar sus propios sentimientos. Tal y como hemos dicho, esto les permitirá abrir su visión sobre las cosas y tener una perspectiva diferente. El líder debe saber reconocer los puntos fuertes y débiles de los demás, tanto como los propios, realizando un reparto de tareas adecuado y creando sistemas de incentivos adecuados para cada puesto. Trabajamos con y para personas, por lo que buscamos la satisfacción dentro y fuera. Los números deben ser puestos en un contexto humano, centrándonos en los objetivos sin olvidar la manera de llegar a ellos, creando equipos sólidos capaces de alcanzar su máximo potencial, algo que no es posible si se gestionaran como simples máquinas.

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