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Cómo cumplir con la responsabilidad social de la empresa

RSC

Hasta hace poco tiempo se pedía a la empresa que fuera eficiente en la obtención de bienes y servicios, es decir, que obtuviese el máximo con el menor coste posible, utilizando para ello el mínimo de factores de producción. Actualmente, sin embargo, no sólo interesa aumentar el Producto Nacional, sino también mejorar el contexto socioeconómico al que está destinado el producto.

En la actualidad, la empresa debe considerar, además de los aspectos puramente económicos, los aspectos sociales y, como consecuencia, los efectos que las decisiones de la empresa puedan tener en la sociedad en general. Algunos de estos aspectos sociales se trasladan a la sociedad en forma de los llamados costes sociales.

Los costes sociales negativos

Los costes sociales negativos son gastos directos -o en algún caso indirectos- soportados sin compensación por personas ajenas a la empresa, como consecuencia de la actividad de esta. Por ejemplo, el humo de la chimenea de una empresa afecta directamente a las personas que viven cerca; los residuos que una industria vierte al río, aunque estén lejos de una ciudad, afectan indirectamente a los ciudadanos, etc.

Por tanto, a través de los costes sociales, la sociedad paga los perjuicios que ocasionan las empresas. Como esto representa un problema para la sociedad, las empresas deben intentar no provocar estos costes negativos o, en su caso, privatizarlos, es decir, asumirlos con la intención de que repercutan mínimamente en la sociedad. Normalmente a la empresa le cuesta asumir como suyos los costes sociales, ya que hacerse cargo con ellos implica reducir los beneficios.

Otra opción es que estos costes sean sufragados por los organismos públicos (comunidades autónomas, ayuntamientos), pero esto implica que, indirectamente, todos los ciudadanos estarían pagando esos costes sociales.

A pesar de estas dos posturas, la ley obliga a las empresas a adaptar sus instalaciones con la finalidad de reducir al máximo los posibles costes sociales negativos. Por otra parte, las empresas que invierten en medio ambiente tienen beneficios fiscales.

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC)

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) se puede definir como la integración activa y voluntaria por parte de las empresas de las preocupaciones sociales y medioambientales a sus operaciones comerciales y a sus relaciones con sus interlocutores: los trabajadores, los accionistas, los inversores, los consumidores, el sector público..., con el objetivo de mejorar su situación competitiva y su valor añadido.

En el ámbito de la RSC, las organizaciones empresariales pueden llevar a cabo muchas actuaciones con la idea de mejorar, por ejemplo, la calidad de la vida laboral, el medio ambiente, el marketing para desarrollar una comercialización responsable o bien la ética empresarial.

Esto se puede lograr de diversas formas, por ejemplo, elaborando códigos de conducta internos, estableciendo medidas para favorecer la conciliación de la vida familiar y laboral de los trabajadores o formando a estos sobre los aspectos medioambientales relacionados con la fabricación de productos de la empresa.

Debemos tener en cuenta que, a nivel empresarial, la aplicación de la RSC afecta de forma positiva a los resultados de las empresas. Por tanto, se ha de tener presente en la toma de decisiones; y, cuando se marquen los objetivos, se deben de incorporar valores como la ética, la transparencia y la responsabilidad hacia la sociedad.

La Norma SA8000

Al margen de todo, los resultados de la aplicación de la RSC por parte de las empresas se deberían poder medir. No existen estándares claramente definidos pero, actualmente, hay una norma llamada Norma SA8000 que regula la responsabilidad social de la empresa, y que sirve como guía a muchas empresas y está muy relacionada con los derechos de los trabajadores.

Algunos de los criterios de responsabilidad especificados en la certificación SA8000,  muy básicos algunos, son los siguientes:

  • La no realización de trabajo infantil ni de trabajos forzados.
  • El establecimiento de un entorno de trabajo saludable y seguro.
  • El respeto a la libre asociación de los trabajadores y la negociación colectiva.
  • La no discriminación por sexo, raza, religión...
  • La no imposición de castigos físicos.
  • Un horario de trabajo que no exceda de las 48 horas semanales.
  • Que la remuneración respete la normativa legal vigente.
  • Que los sistemas de gestión de la compañía no entren en conflicto con ninguno de los derechos anteriores.

La ética en los negocios

La empresa debe aplicar la ética en todas sus actividades: en su gestión, el servicio que ofrece, la calidad de sus productos... y, sobre todo, en la honradez que debe caracterizar todas las relaciones internas y externas. Si la empresa actúa aplicando los principios éticos en sus negocios, estos le generarán beneficios, como por ejemplo:
 
  • El aumento de su prestigio, aceptación y preferencia frente a competidores, lo que mejorará su competitividad.
  • La fidelidad de sus clientes y proveedores, lo que incrementará sus ventas.
  • La motivación y mejora en el trabajo de su personal, lo que mejorará su productividad.
  • La posibilidad de recibir mayores respaldos financieros, ya que los informes que se hagan sobre ella serán positivos en este sentido.
 
Definir la ética en los negocios puede resultar un tanto subjetivo, pero en general, existen una serie de normas de actuación, basadas en lo que se considera moralmente correcto, de general aceptación, como por ejemplo: la honradez, el respeto a las leyes y al medio ambiente, el cumplimiento de las obligaciones fiscales y de los compromisos con clientes, proveedores y empleados, y la transparencia informativa y contable.