¿Salir a bolsa o llamar a la puerta del banco? El dilema de la pyme

Pymes | 23/02/2016

La crisis causó que se cerrara el grifo de crédito en España, afectando sobre todo a las pymes y pequeños negocios. Si bien hay otras opciones para conseguir financiación, hoy nos detenemos en una muy concreta: cómo dar el salto al parqué bursátil.
El MAB es el segmento del mercado español dedicado a las pymes y empresas en expansión
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Las pequeñas y medianas empresas saben bien lo que es vivir en el alambre. La crisis económica ha hecho especial daño a estos negocios, los cuales o bien se estaban levantando o bien consolidando, provocando en muchos casos su extinción. 

No para todos ha sido tan dramático, pero sí que han tenido que hacer un enorme esfuerzo por sobrevivir, dejando aparcados planes de crecimiento, expansión, salida al exterior o simplemente de contratación de nuevo personal o renovación de maquinaria. 

La causa de que las pymes se hayan visto en una situación tan precaria se debe a los problemas que han encontrado en estos años para conseguir financiación, ya que la crisis hizo que las entidades endurecieran los requisitos para conceder créditos ante el ingente volumen de impagos que se estaban produciendo. Los pequeños negocios emergentes fueron los más perjudicados por esta situación, lo que obligó a muchos a echar el cierre ante la imposibilidad de seguir adelante sin ayuda financiera. 

Pero ya se sabe que en situaciones extremas es cuando se agudiza el ingenio y se pueden encontrar alternativas que en otra circunstancia no se hubieran encontrado. Una de ellas puede parecer muy arriesgada y ambiciosa de primeras, pero si se madura la idea puede no parezca tan descabellada. Se trata de la salida a bolsa, una forma regulada y legal de captar capitales de los mercados secundarios. 

Beneficios de salir a bolsa 

En 2009 se puso en marcha el Mercado Alternativo Bursátil (MAB) para empresas en expansión, es decir, para firmas emergentes a las que daban la posibilidad de lograr financiación sin tener que recurrir a la fórmula tradicional. Este tipo de mercados son muy habituales en otras economías más avanzadas, como la americana o la británica, donde por ejemplo el AIM ha logrado dar financiación a más de 3.000 pymes desde su puesta en marcha en los años 90. 

Desde entonces, poco a poco, han ido llegando empresas al MAB, hasta las 34 compañías actuales, que realmente son muy pocas a tenor de la cantidad de pymes que hay en España (más del 90% del tejido industrial español), y ha captado más de 400 millones de euros para sus cotizadas. La causa principal de este número de firmas tan reducido es el profundo desconocimiento que sigue existiendo en nuestra sociedad acerca de los mercados financieros y las bolsas. Además, el escándalo de la estafa de Gowex –la que fuera firma estrella del Alternativo- manchó a todo el mercado y estigmatizó a las firmas cotizadas, aunque en el último año se ha recuperado de ese duro golpe, cerrando como el segundo mejor en cuanto a financiación y nuevos debuts. 

Evidentemente, no todas las pequeñas empresas están preparadas para afrontar este desafío, pues precisamente el caso de Gowex ha endurecido los requisitos para cotizar en el MAB. Las exigencias de transparencia y buena gestión se han elevado con el objetivo de proteger a los inversores y a las propias empresas. Además, hay que tener ya un determinado tamaño, número de empleados, etc, por lo que no es fácil llegar a cotizar. No obstante, si cumples con los requisitos, puede ser una magnífica fuente de financiación que te permitirá crecer sin el lastre que puede suponer un crédito bancario muchas veces. 

Buen ejemplo de ello son firmas como Másmóvil o Eurona, dos compañías que en el último año han dado un enorme salto cualitativo que les ha colocado como estandarte del nuevo MAB, que busca dar acogida a empresas con carácter disruptivo, con valor añadido y que representen el germen del I+D+i español. Estas empresas han reconocido que sin su presencia en el mercado no habrían sido capaces de crecer como lo han hecho, por lo que en su caso la experiencia ha sido más que positiva. Además, ser una compañía cotizada da cierta reputación a la hora de lograr contratos, hacer nuevos clientes o conseguir financiación de socios externos. 

Otras opciones 

No obstante, la bolsa no es la única opción para conseguir financiación fuera de los canales bancarios. En estos años también han emergido otras modalidades. Una de ellas es la conocida como Business Angels, el llamado “ángel inversor”, que proporciona capital a una startup a cambio de participación en el accionariado. Además del dinero, este inversor aporta sus conocimientos empresariales, contactos, clientes… En estos años su figura ha resultado fundamental para muchas empresas de corte tecnológico, tanto que se han creado multitud de plataformas y foros para poner en contacto a estas firmas con inversores interesados en participar en este tipo de proyectos. 

Por otro lado, y al calor de la economía colaborativa, ha nacido lo que se ha denominado crowdfunding (micromecenazgo), que consiste en la difusión pública por parte de los emprendedores de su necesidad de financiación, que es cubierta por prestamistas independientes de forma mancomunada, los cuales simpatizan con la causa o quieren aprovechar las ventajas del crédito ofrecido por el prestatario. Se ha visto impulsado sobre todo por Internet, donde han nacido plataformas y comunidades dedicadas a este fin. Pero esta fórmula no la utilizan solo las empresas de nueva creación. También la utilizan proyectos culturales, campañas políticas, deportistas, etc. 

Siempre te quedará la banca… 

Si no te convencen ninguna de estas alternativas y no te rindes ante la negativa de los bancos, no tienes todo perdido. Lo peor de la crisis ha pasado y los bancos, una vez que limpiaron sus balances por la exposición al ladrillo, sanearon sus cuentas y se reestructuraron en algunos casos, han vuelto a conceder crédito empujados por la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo (BCE). 

La fluidez del crédito es esencial para que una economía se recupere, y los bancos vuelven a estar preparados para conceder préstamos, aunque nunca de la misma forma en que se hizo durante la burbuja inmobiliaria. Además, y conscientes del grave problema de paro que hay en España y de que muchas personas han optado por el emprendimiento para salir del bache, han lanzado líneas de crédito para pequeños negocios o autónomos, con condiciones especiales y unos requisitos menos duros –aunque tampoco livianos-. 

Por ello, no tires la toalla antes de tiempo. Si tienes en mente poner en marcha tu propio negocio y confías en tu idea, busca cuál es la forma que más se adecua a tus intereses y necesidades.

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