Qué es el "know-how", cómo se protege y distintas formas de rentabilizarlo

El know-how es un ingrediente fundamental en cualquier empresa.

Emprendedores | 01/10/2015

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El "know-how" hace a la empresa no solamente distinta a las otras, sino además más competitiva.
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El término "know-how " es un anglicismo de uso muy habitual que según la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) sería innecesario. Proponen como alternativa el uso de la expresión "saber hacer", que es una traducción literal de la expresión "savoir-faire", que es la forma en la que en francés se traduce la expresión know-how del inglés. La expresión "saber hacer" es mucho más expresiva, ya que la traducción de know-how es "saber cómo".

Todos sabemos que en una empresa son muy importantes los recursos de los que dispone, tales como trabajadores o distintas clases de activos controlados por la empresa, tales como activos corrientes (como las existencias), activos corrientes tangibles (como una máquina) o activos no corrientes intangibles (como una patente). 

El know-how hace referencia a la forma en la que la empresa hace las cosas, en la que emplea esos recursos para conseguir la producción. Y dentro de la forma de hacer, a la forma ventajosa y diferente al resto que tiene la empresa de realizar sus actividades. Normalmente, y particularmente cuando nos referimos a las repercusiones jurídicas del término know-how, nos estamos refiriendo a conocimientos secretos

¿De dónde surge el know-how?

Es muy improbable, aunque no imposible, que de forma espontánea se descubra una nueva forma de hacer las cosas por eso que viene denominándose serendipia. En cualquier caso, la serendipia exige estar dedicándose a otro quehacer, una experiencia previa. Se está buscando algo y se encuentra otra cosa, que tiene una aplicación empresarial de tal forma que se puedan producir nuevos productos mejores que los de la competencia, más baratos, verdaderas novedades, etc.

En algunos casos esa forma distintiva y ventajosa de hacer es la culminación de un proceso de innovación, muchas veces precedido de etapas de investigación y desarrollo. Se llega a una innovación de los procesos, a un conocimiento superior, y con ella pueden venir otras innovaciones en los productos, mercados, materias primas, etc.

Lo más habitual es que el know-how sea el fruto de la experiencia. Esa experiencia lleva a múltiples repeticiones de pruebas, en las que, con sus aciertos y errores, se va moldeando una forma de hacer distinta y ventajosa. A medida que se va adquiriendo experiencia, se van acumulando conocimientos que mejoran los procesos y los productos. Pero también es cierto que las nuevas mejoras que da la experiencia suelen decaer a medida que se va adquiriendo experiencia.

En ese sentido es muy importante la estabilidad laboral en los puestos más asociados a la experiencia generadora de know-how. Una empresa con una rotación de su personal muy elevada impide que se formen equipos estables capaces de generar know-how. Pero, en el caso de que se generase, una parte del conocimiento importante podría acabar en las empresas para las que acaben trabajando los trabajadores despedidos.

¿Cómo se protege el know-how?

La principal herramienta para proteger el know-how es el secreto. Si nadie sabe hacer las cosas como nosotros, tendremos una ventaja competitiva. El secreto es, en el caso del know-how, un elemento necesario en la estrategia competitiva de la empresa. No todos los secretos empresariales son know-how, formas de hacer, sino que también existen otras formas de secreto empresarial como, por ejemplo, las listas de clientes.

En ese sentido, el know-how es muy diferente a la patente. La patente también protege el conocimiento de la empresa, pero a cambio de la patente la empresa tiene que hacer público ese conocimiento. La patente ofrece un derecho a la explotación en exclusiva que el mero know-how no ofrece. Es decir, si de manera legítima alguien llega a conocer cómo hacer las cosas igual que nuestra empresa, no tendremos herramientas jurídicas para evitar que realice esa labor igual que nosotros. Pero mientras la protección de la patente está jurídicamente limitada en el tiempo, la protección que proporciona al know-how el hecho de mantenerse en secreto posibilita que las ventajas se mantengan de forma indefinida en el tiempo.

Aunque alguien pueda legítimamente valorar nuestra forma de hacer y llegar a conclusiones certeras que le lleven a descifrar nuestro secreto, existen formas ilegítimas que están sancionadas por la ley. Por ejemplo, los artículos 13 y 14 de la Ley de Competencia Desleal prohíben que alguien divulgue o induzca a otro a divulgar secretos de la empresa a los que se ha accedido con el deber de reserva, así como el espionaje industrial. Otras normas y los propios contratos entre las partes establecen la obligación de reserva de esos secretos.

Pero, aunque el secreto se hiciese público, siempre habría una protección adicional, la que ofrece la experiencia. Quien tiene más experiencia tiene al comienzo menores costes que sus imitadores, lo que en algunos puede disuadir de competir a potenciales imitadores.  

¿Cómo se rentabiliza el know-how?

La primera manera de rentabilizarlo es, obviamente, aplicando esos conocimientos a la producción por la propia empresa de bienes y servicios de mayor calidad, con mejores características y a mejor precio que la competencia. Eso ofrece beneficios en forma de mayores ingresos o menores costes en la fabricación de los productos, pero también existen formas de rentabilizar el know-how a través de terceros. 

Existen contratos de know-how en los que se concede a un tercero la licencia a acceder a los secretos de la empresa a cambio de un dinero. Pueden o no acompañarse de un derecho de ese tercero de que la información secreta sobre cómo hacer algo se la ofrezcamos en exclusiva. 

Otros contratos tienen como objetivo la asistencia técnica a empresas. En esos contratos se realizan labores auxiliares de apoyo a la empresa en aspectos que tienen un fuerte componente de conocimiento. La empresa será contratada por sus conocimientos ofreciendo un resultado concreto, pero sin necesidad de desvelar cómo lograrlo.

El contrato de franquicia implica transmisión de ese conocimiento, pero normalmente no sólo. Por ejemplo, el franquiciador puede suministrar toda una serie de bienes o servicios al franquiciado, además de aportar otros intangibles como, por ejemplo, la marca. 

Incluso el know-how acumulado por la empresa puede ser un elemento muy valorado en operaciones de adquisición de la empresa, como por ejemplo en el caso de una fusión.

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Imagen | Nick Farnhill


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