Un paseo por los Silicon Valley de Europa

Emprendedores | 10/01/2017

El emprendimiento tecnológico europeo vive un buen momento. Muchos jóvenes talentos se fueron al inicio de la crisis a hacer las Américas y ahora vuelven a casa para continuar con sus proyectos empresariales pero… ¿Dónde se quedan? ¿Qué países y ciudades ofrecen el mejor cobijo para las startups?
Los países bálticos, Irlanda y Alemania son algunos de los 'puntos calientes' del emprendimiento tecnológico en Europa
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Que el famoso Silicon Valley es el gran sueño de multitud de emprendedores de corte tecnológico no es nada nuevo. Las historias de éxito que se han forjado en el Valle del Silicio, unidas a la presencia de las compañías tecnológicas más grandes del mundo, hacen de ese rincón de California el lugar en el que todo soñador empresarial quiere estar.

Pero eso no significa que en Europa no existan núcleos de emprendimiento atractivos –hubs, como son conocidos en el argot anglosajón -. Las empresas TIC – dedicadas a las Tecnologías de la Información y la Comunicación – son una de las grandes esperanzas de muchas economías de la Zona Euro y eso se nota en tres principales aspectos: el cada vez más consolidado apoyo institucional, el crecimiento de la inversión privada y unos sistemas educativos que se están volcando en la formación técnica. Estos ingredientes son, en parte, los responsables de que los países que a continuación analizamos se hayan convertido en serios candidatos a jugar el papel del Silicon Valley europeo.

El Tigre Celta sigue ahí

Irlanda puede ser un perfecto ejemplo de lo que un potente sector tecnológico puede hacer por la economía de un país. Desde 1998 hasta la actualidad Irlanda ha triplicado su PIB, con un crecimiento medio del 6 % anual debido, en buena medida, al idilio que las grandes empresas tecnológicas del mundo tienen con esta pequeña nación isleña. Pero, ¿cómo una economía rural e históricamente atrasada se convierte en una de las principales sedes mundiales de startup y grandes empresas del sector?

El principal motivo no es un secreto: los bajos impuestos que las empresas pagan en Irlanda hacen que las sedes europeas de gigantes tecnológicos como Google o Apple se hayan instalado en este país. Y donde hay grandes empresas, hay inversión, talento y todo un ecosistema de emprendimiento que crece al amparo de estas multinacionales.

Un adecuado ambiente empresarial es común denominador en los núcleos tecnológicos más avanzados del mundo. E Irlanda lo tiene, entre otras cosas, porque es uno de los países con mayor competitividad de Europa. Mucho talento, salarios relativamente bajos y coste de la vida asequible hacen una combinación ganadora para que también los pequeños empresarios se vean atraídos por Dublín y sus alrededores.

Ese ecosistema emprendedor que mencionamos no surge de manera espontánea y, como en el caso de Irlanda, es la administración pública la que ha favorecido que sea muy fácil montar un negocio –tecnológico o no- en este país. Así, según el informe ‘Doing Business’ del Banco Mundial, en Irlanda se tardan apenas seis días en abrir una empresa, requiere de cuatro trámites administrativos y, lo más importante, no exige capital social mínimo.  

En consonancia con esta amable burocracia se encuentran las importantísimas desgravaciones fiscales del 25 %  por inversiones en I + D + i. Además, si una startup no termina de funcionar y al tiempo de comenzar su actividad se ve obligada a cerrar, el emprendedor puede solicitar que se le devuelva el dinero pagado en concepto de impuestos. Esa ‘red de seguridad’ es algo muy apreciado en un sector en el que la mayoría de empresas no consiguen sobrevivir a sus primeros dos años de vida.

Los bálticos indican el camino

Estonia, Letonia y Lituania están a la cabeza europea en sencillez a la hora de abrir un negocio. Por ejemplo, en Lituania tan solo se requieren dos trámites administrativos y tres días para poner en marcha nuestra empresa. Pero más allá de las facilidades burocráticas, los países bálticos han apostado de verdad por convertir su modelo productivo en todo un ejemplo para el sector de la tecnología.

Y aquí destaca el caso de Estonia, un pequeño país que no alcanza el millón y medio de habitantes pero que ha dado a luz a referentes de la tecnología como el archiconocido Skype. De nuevo, este éxito no es fruto de la casualidad, sino de un convencimiento a tres partes entre el sector público, el privado y la propia sociedad civil, que ha visto en internet y en la informática una manera de encontrar su propia independencia económica con respecto al gigante ruso con el que comparte frontera.

Si buscamos medidas concretas, el gobierno de Estonia ofrece inversión pública a quienes deseen emprender su propia startup. A través de los organismos Start-up Estonia y Baltic Investment Fund, los jóvenes que quieren crear su empresa pueden recurrir a unos fondos públicos que no son una utopía, están ahí para ser solicitados y recibidos rápidamente- a diferencia de las ayudas públicas en otros países-.

Pero el futuro tecnológico de Estonia no depende del apoyo público, ni mucho menos. En la actualidad existen unas 350 startups  - una increíble ratio de 1 startup para cada 3.700 ciudadanos- que, en buena medida, se han financiado gracias a inversores privados, ‘business angels’ y sistema de economía colaborativa.

A esa circulación de dinero tanto público como privado, se le une el convencimiento nacional de que internet es su particular petróleo. Por eso ha ganado en importancia la Universidad Tecnológica de Tallin y se ha creado el Parque Tecnológico de Tallin que aún conocimiento, emprendimiento y capital para que Skype no sea el único ‘unicornio’ que este país báltico vea nacer.

Por último, cerrando este círculo encontramos los cada vez más habituales eventos sobre emprendimiento TIC que se celebran en el país. Si en España tenemos nuestro South Summit, en Estonia tienen el Garage48, una cita de obligada asistencia para quienes busquen hacerse un nombre dentro del sector tecnológico estonio.

La acostumbrada eficiencia alemana

Si Munich es el corazón financiero de Europa y de Alemania, Berlin va camino de convertirse en el pulmón del emprendimiento tecnológico del continente. Los datos están ahí para quien los quiera ver: la capital germana tiene más capital riesgo que grandes ‘hubs’ tecnológicos como Londres o París, con cerca de 2.400 millones de euros levantados en 2015.

Por sí solo, este argumento ya bastaría para atraer a cualquier emprendedor que se precie, pero además Berlín ha conseguido crear un ecosistema, un ambiente de emprendimiento joven, desenfadado pero eficiente que resulta muy atractivo para los talentos europeos.

Un ejemplo en este sentido es el Factory Berlin, un campus para startups que también funciona como plataforma social para emprendedores. Es el lugar donde tienes que estar si te dedicas al mundillo tecnológico en Alemania. No por nada es el hogar de empresas como Uber, Soundcloud o la sede europea de Twitter.

Este crecimiento tecnológico alemán tiene, además, nombres y apellidos propios: Ciudades Inteligentes e Internet de las Cosas; buena parte de estas dos tecnologías, llamadas a revolucionar nuestra forma de vida en la próxima década, están siendo imaginadas, desarrolladas y concebidas en Berlín.

¿Y qué pasa con España?

En nuestro país todavía hay que trabajar para alcanzar el reconocimiento o los niveles de inversión de otras potencias europeas.  Madrid ha visto crecer su número de startups en los últimos años aunque en realidad los grandes parques tecnológicos del país se encuentran en Andalucía y Cataluña.

Eventos de emprendimiento como el mencionado South Summit también están ayudando a que cada vez más personas se animen a desarrollar empresas tecnológicas, aunque en materia de talento, España todavía no es capaz de retener a los informáticos mejor preparados que prefieren marchar a Estados Unidos o probar suerte en otro país europeo.

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