Los errores más comunes en la gestión de empresas familiares

Pymes | 24/11/2016

Las relaciones laborales siempre son un reto para cualquier empresario, más aún si de por medio se encuentran familiares.
La estructura y organización que adoptes dentro de la empresa familiar es fundamental para evitar futuros malentendidos
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La empresa familiar tiene un indudable protagonismo en el tejido económico de España, ya que más del 57 % del PIB y el 67 % del empleo en el sector privado depende de este tipo de negocios. Son datos del estudio ‘La empresa familiar en España’, promovido por el Instituto de la Empresa Familiar, que pone en números las realidades de todos esos comercios de barrio en los que la familia entera colabora; también el de las grandes firmas en cuyos consejos de administración hay plasmada toda una genealogía.

Esto quiere decir que llevar un negocio junto con otros familiares es algo tremendamente común. Lo cual no quiere decir que sea fácil. A los retos cotidianos de cualquier emprendedor se le une la gestión de asuntos que pueden entremezclar lo profesional con lo privado. Y ahí es donde empiezan los problemas. En este artículo repasamos algunas de las situaciones más comunes en la empresa familiar y ofrecemos estrategias para superarlas.

Déjalo todo bien atado en materia legal

En primer lugar nos interesa dejar cualquier fleco legal atado. Y esto se refiere, por ejemplo, a la manera en la que debemos contratar a un familiar. Lo más habitual es recurrir a la figura del autónomo colaborador. Entre las particularidades de este tipo de autónomo se encuentra la ventaja de no estar sujeto a la presentación de las declaraciones trimestrales del IVA y del IRPF. Además, a la hora de contratar a un familiar por esta vía, el trabajador accede a una bonificación del 50% de la cuota de autónomos para un periodo de 18 meses.

Una excepción a esta norma son los hijos menores de 30 años. A la hora de contratarles se podrá optar por hacerlo como autónomo colaborador o como trabajador por cuenta ajena.

Otro importante aspecto de la gestión de la empresa familiar que mezcla legalidad y ordenamiento interno tiene que ver con la estructura que tiene la propia empresa. Aquí entra la estructura jurídica que va a tener la empresa, quién aporta el capital y un largo etcétera de cuestiones que deben quedar claras desde un primer momento.

Organización ante todo

Porque ese es uno de los errores más frecuentes a la hora de constituir una empresa familiar: la difusa organización en la que todos hacen un poco de todo. Para evitar el solapamiento de funciones o la falta de cobertura de algún área específica es fundamental establecer una jerarquía clara desde el principio.

De ahí nacerá el denominado Protocolo Familiar, una herramienta que establece el rol de cada miembro familiar, cómo se gestionará la empresa y qué órganos la compondrán, como la conocida Junta de Familia. Dejar todo este tipo de asuntos bien explicados evitará situaciones difíciles en el futuro.

Por ejemplo y aunque parezca obvio, en una empresa existe una línea responsabilidades en la que cada uno sabe a quién reporta y qué capacidad de decisión tiene. En la empresa familiar debe ser así: es necesario que haya líderes, que no jefes, que tomen las decisiones.

También es importante saber qué ocurre con los socios capitalistas de la empresa. Un caso muy común es el de un joven emprendedor que busca financiación en sus personas más allegadas, como sus padres. Antes de aceptar el dinero se debe aclarar qué nivel de implicación toma la familia: ¿esa financiación conlleva poder decidir aspectos concretos del negocio? ¿Cuándo se debe comenzar a devolver el dinero? ¿Es a fondo perdido? Ninguna de estas preguntas debería quedar por responder antes de utilizar ese capital para poner en marcha una empresa.

La resolución de conflictos

 En uno de sus informes sobre Empresa Familiar, el Ministerio de Industria aconseja que en caso de necesidad se establezca un sistema de arbitraje para resolver conflictos que no se pueden solucionar por otra vía: “El arbitraje es un método privado para la solución de desavenencias en el que las partes interesadas se someten voluntariamente a la tutela de un tercero de su confianza —el árbitro— para que les escuche y resuelva definitivamente sus diferencias de criterio. El arbitraje, por lo tanto, sirve para resolver disputas entre empresas o entre particulares.”

Puede sonar ‘frío’ recurrir a este tipo de soluciones externas, pero lo cierto es que tanto este como el sistema de mediación son algunos de los más utilizados en el momento en que la pyme comienza a crecer y a complicarse su gestión cotidiana.

Comunicación ante todo

Ya se sabe lo que dicen de la confianza… y en el caso de la empresa familiar puede llegar a ser especialmente verdad. Dar cosas por supuesto, abusar de la buena disposición de unos y otros… todas estas situaciones se pueden evitar con la comunicación diaria, abierta y honesta.

Mención aparte merece el capítulo de la sucesión dentro de la empresa familiar, una cuestión a la que ya le dedicamos un artículo que puedes consultar aquí.

En BBVA con tu empresa | Cómo se transmite una empresa de padres a hijos


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