El equilibrio de la financiación a largo plazo exige un equilibrio entre la financiación propia y la ajena

El equilibrio de la financiación a largo plazo pasa tanto por la financiación propia como por la ajena.

Pymes | 04/01/2016

Financiación propia y financiación ajena se necesitan mutuamente para que nuestra financiación a largo plazo alcance el equilibrio.
La financiación propia y la ajena juntas pueden reforzarse mutuamente y conseguir lo que no conseguirían por separado
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El equilibrio de la financiación a largo plazo de la empresa pasa indefectiblemente por la financiación ajena, sin la cual las empresas no son rentables. Pero, para poder contar con financiación ajena, necesitamos una financiación propia equilibrada. Financiación propia y financiación ajena son las dos caras relacionadas de la financiación que se necesitan la una a la otra. Para encontrar ese equilibrio, contamos con la ayuda de la financiación de BBVA, que siempre nos ofrece soluciones adaptadas para cada una de nuestras necesidades en excelentes condiciones.

En un mundo sin impuestos, con mercados eficientes e información perfecta para todas las partes, donde no habría costes derivados de la quiebra, la estructura financiera de la empresa sería indiferente. Pero, dadas las circunstancias del mundo en el que vivimos, una empresa ha de contar tanto con financiación propia como con financiación ajena, buscando el equilibrio entre ambas.  

¿Por qué la financiación ajena necesita a la financiación propia?

Una de las principales misiones de cualquier empresa es la de atraer a elementos de su entorno exterior para que participen de su actividad. Se busca clientes, se seleccionan trabajadores, se llega a acuerdos con proveedores, etc. La búsqueda de financiación ajena es uno de esos procesos de búsqueda. Necesitamos recursos financieros y queremos conseguir que se incorporen acreedores ajenos a nuestra empresa.

Difícilmente podremos convencer a los posibles financiadores de que nuestro proyecto merece la pena si nosotros no apostamos por el proyecto. Una empresa que no reinvierte una parte de sus beneficios en financiar su proyecto de expansión transmite la sensación de ser una empresa en retirada, cuya viabilidad futura está comprometida.  

Debemos pensar que, aunque nuestro proyecto sea rentable y nosotros sepamos que nuestra empresa es y seguirá siendo viable, los terceros no disponen de toda la información de la que disponemos nosotros. Por eso debemos cuidar mucho los hechos objetivos que puedan ser interpretados por terceros como signos de una posible falta de solvencia en el futuro.

Igualmente, tener dificultades para la suscripción de una ampliación de capital es una señal que lanza desconfianza sobre posibles financiadores ajenos a nuestra empresa. Debemos ser muy cuidadosos cuando planteamos una ampliación de capital y debemos realizar un esfuerzo especial para convencer de que es una operación pertinente.

Por otro lado, los fondos propios son el colchón que tiene la empresa para responder de las deudas ante posibles pérdidas. Cuanto menores sean los fondos propios, más probable es que unas eventuales pérdidas comprometan el futuro de nuestra empresa y generen pérdidas para los acreedores. Es decir, prestar a una empresa con un elevado apalancamiento financiero comporta mayor riesgo para el acreedor.

Ante el mayor riesgo de la financiación que se nos presta, los acreedores exigirán un mayor tipo de interés. Algunos proyectos dejan de ser rentables con un tipo de interés más alto. Tendremos que pedir una menor financiación. Nuestra empresa se ve condenada a un tamaño menor, a no poder aprovechar las ventajas del crecimiento, y, normalmente, a tener menor rentabilidad.

¿Por qué la financiación propia necesita a la financiación ajena?

Es evidente que la financiación propia necesita de la financiación ajena para realizar aquellas inversiones para las que los propietarios actuales o potenciales de la empresa no disponen de recursos financieros suficientes. E incluso disponiendo de recursos para financiar los proyectos, puede no ser conveniente para los propietarios destinarlos a ese proyecto.

Pero existen muchos proyectos que necesitan para poder ser viables un determinado volumen de inversiones que han de ser financiadas y sin los cuales la empresa carecería de sentido. Los potenciales propietarios de la empresa en proyección no pondrían dinero en una empresa que le falte esos elementos indispensables. No existiría ni tan siquiera esa financiación propia sin una financiación ajena que la respalde hasta llegar a financiar un proyecto viable.

Los que más necesitan de la financiación ajena para convencerse de la conveniencia de aportar a los fondos propios de la empresa son los socios no gestores. Para ellos el aval de la financiación ajena es una garantía de viabilidad de la empresa. Para obtener financiación ajena es imprescindible explicar bien los proyectos, ya sea en una negociación con bancos u otros posibles financiadores, ya sea en emisiones públicas en empresas de mayor tamaño.

La financiación ajena obliga a los administradores, por un lado, a planificar y, por otro, a comunicar lo planificado, con el fin de convencer a los posibles financiadores de la pertinencia de conceder la financiación. Con ello se obtienen beneficios en la gestión y en el conocimiento de la situación y potencialidades de la empresa.

Este aspecto es crucial en las pequeñas y medianas empresas. Particularmente, lo es en presencia de socios no gestores que además no tienen conocimiento financiero suficiente como para enjuiciar la marcha de la empresa.

Para estos socios, la confianza de terceros que prestan fondos a la empresa es un indicio razonable de que la gestión va por el buen camino. Esa confianza evita muchos posibles conflictos entre socios y aporta certidumbre a la retención de beneficios y a las ampliaciones de capital.

Imagen | iStock

En BBVA Con tu empresa | Financiación a largo plazo: cómo dar estabilidad al balance (e-book)


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